miércoles, 10 de diciembre de 2008

Esta noche es el cielo extrañamente bronce

Esta noche es el cielo extrañamente bronce,
casi tierra sobre la tierra
tan vasto, tan callado e inmenso.
Algún grito a lo lejos. Un dios triste
y el destello de la lluvia
atormentándonos, meciéndonos
entre sus incontables ojos perlados y grises,
susurrándonos cosas y voces al oído,
secretos o muertes, algún amor
o quizás mi propia historia
perdida entre las nubes.
Una y otra vez intentos de nombres
se suicidan en el surco de mi espalda,
a veces enhebrándose sobre la copa de los árboles
o suplicándole a las estrellas o a mi galaxia
que no lloren, no esta noche
que parece tan desoladamente cierta.

Mojando mis hojas, mis manos,
el suelo que me acumula
me colecciona entre sus baldosas de encanto,
sin existirme, sin sostenerme o, ingenuamente
sin saber que estoy viva. Ahora
todo parece agua, dulce,
sórdida, húmeda,
siempre húmeda sobre los llantos del tiempo.

Un tumulto claro se mueve a lo lejos
se parece a mi alma; tan lejana,
tan ajena a mí o a este diluvio de medianoche
contrastando sobre la terquedad del viento
que me hace medusa de cabellos castaños.

La noche solía ser inmensa. Hoy no.
Hoy no es más que mar y tierra
cayendo sobre otra tierra
y otros mares -imaginarios,
decididamente no éstos mares
ni estas aguas-
en islas de corales multicolores
y llena de poesía húmeda,
tan húmeda e inmensa.

6 comentarios:

rR. dijo...

a.g.o.s.t.i.n.a.
c.i.c.c.o.n.e.

rR. dijo...

cada letra. una por una.




saludos. gud bai.

Pablo Terrible dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
José peñaherrera dijo...

k wapo kedo el poema, muchacha. bien ahi. me voy... a la noche, la de hoy sera larga

malena dijo...

Esa noche sigue siendo inmensa y llena de poesía que emana de tus pequeñas pero sabias manos.
Un beso.

Alaín dijo...

Todo se esconde en los bigotes de los gatos.